"Un Futuro sin Ataduras"


29 de abril de 2001 . El Subcomandante Marcos escribe una carta en la que, a la vista de que la Ley que pretende aprobar el gobierno mexicano no reconoce  los derechos de los indígenas, decide volver a Chiapas sin haber logrado su objetivo final. Al final de su escrito, hace un llamamiento a la comunidad internacional para que ejerza presión sobre el gobierno mexicano, y hace un llamamiento, por tanto, a favor de la globalización. Afortunadamente no de la globalización que actualmente entendemos, sino a la buena, a la de los valores que hacen grandes a las personas, a la de los auténticos héroes, que no son, ni de lejos, grandes magnates ni poderosos presidentes. Los nuevos mitos son ellos, los que luchan por los elementos esenciales de la vida, no los que aspiran a conquistar el mundo a base de dólares. Y gracias a las nuevas tecnologías, la globalización de la libertad y la justicia es una posibilidad que se abre ante nuestros ojos. Gracias a ella hemos conocido de primera mano los movimientos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, y hemos aprendido que es posible librar una batalla sin violencia, luchar sin derramar sangre y con la única espada de la verdad por delante. Por encima de quienes, temerosos o recelosos, les han criticado, han dado una lección al mundo. Han alzado la voz a sabiendas de que son una minoría en su país, sufridora del racismo más cruel dentro de sus propias fronteras. Y han dado esperanzas a millones de personas, a desesperanzados y a cobardes, a resignados y a dormidos, a todas una clase social mundial que reclama una justicia tambien mundial. Y han logrado globalizar algo más alla de las hamburguesas y la cocacola: la fe en el cambio. De la misma forma que Marcos tiene hoy en día algo que agradecer a García Márquez, nosotros tenemos algo que agradecer al subcomandante, porque muchas personas actúan hoy y actuarán en el futuro bajo el influjo de su figura. Nos ha hecho creer que aún hoy es posible rebelarse contra los sistemas opresores, contra las injusticias y la intolerancia, con la grandeza de quienes no necesitan más que palabras para vencer y convencer. Nos ha hecho ver las posibilidades de la acción popular, de la fuerza de la unión de unos pocos para llegar a muchos. Aunque hasta el momento no hayan logrado más éxitos que el de la presión mediática (que no es poco), y aunque la democracia mexicana no haya conseguido aún mostrarnos su madurez con una verdadera Ley que defienda también a sus minorías, nunca podrá decirse que la lucha zapatista ha sido estéril. Ni en Mexico ni en ningún rincón del planeta. Siempre nos quedará la imagen y el ejemplo de unos soldados sin rostro que luchaban en una región sin esperanza para alcanzar un futuro sin ataduras.

 

A.C. Achitacande


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