"Tías y el Amor"


Para que luego digan que ya no hay historias de amor como las de antes. Es conmovedor ver como, a pesar de todo, el amor sigue moviendo al mundo, y hemos sido testigos de un hermoso ejemplo el pasado 28 de mayo en el pueblecito de Tías. No existe otra explicación posible que un intenso arrebato de loca pasión desatada para que el señor alcalde, a las pocas horas de conocerse la suspensión de la “moratoria” canaria, convoque un pleno urgente y extraordinario (nunca mejor dicho) para dar vía libre a un maravilloso proyecto de sus amantes secretos. Un proyecto, dicho sea de paso, impregnado también de amor al deporte y, como no, a la Isla. Cual jóvenes enloquecidos por el éxtasis, corrieron al ayuntamiento, aprovechando la intimidad de la noche, para demostrarle a sus enamorados la fidelidad que sus dulces sentimientos merecen. Envueltos en un frenesí desbordado, los concejales socialistas y populares, en una enternecedora muestra de complicidad amorosa más allá de las diferencias políticas, levantaron al cielo sus manos para votar a favor de hacer felices a 700 turistas más, y por supuesto a todos los conejeros que estamos deseosos de ver cuantos más verdes prados mejor para tener, al fin, donde retozar. Es tan romántico. Imaginárselos subidos en una nube de desesperados anhelos, a Rafa cogiendo tiernamente de la mano a Juanfran, sin apretar demasiado, para no despertar los celos de Jose Juan, ni mucho menos de Pedro o Caco. No me digan que no se les ablanda el corazón al ver tales muestras de afecto sin límites, de amistad pura y sincera, de compañerismo y buen rollo. Ya quisiera yo tener una pandilla como la que tienen ellos. Se les ve tan bien juntos, que no creo que haya nada en el mundo que pueda romper ese idilio. Cual adolescentes enamorados, se hacen regalos contínuamente, sin pararse a pensar en cuanto cuesta esta nave o la otra ¡qué importa el precio cuando hay amor! ¡Y pensar que se les ha criticado por ello!, ¿es que ya no quedan románticos en el mundo? ¿Acaso no es humano el querer poner el mundo a los pies de la persona amada? ¿A quien iba a importar que los cuernos se los pongan a Lanzarote? Nunca había sentido tanto orgullo por mi isla, paradigma del amor y la felicidad. Propongo, en definitiva, que nos cambien el título. Después de todo, ¿quién quiere ser Reserva de la Biosfera pudiendo ser Reserva del Amor?

 

A.C. Achitacande


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