"Si pero Tu Más"


Algo así nos vimo a confirmar el pasado miércoles 25 de abril en una nueva rueda de prensa-ventilador Don Manuel Fajardo. Sí, es cierto que lo hacemos mal, pero los demás también, o peor. Eso vino a decirnos, utilizando un razonamiento tan pobre como inútil. O sea, que son conscientes de que la clase política insular carece de las más elementales normas éticas habidas y por haber, pero se consuelan en que los demás son igual de golfos que ellos. Y detrás de todos ellos, nosotros, ciudadanos circunspectos, con cara de tontos. Consciente de que es un tema delicado por la sencilla razón de que Lanzarote sigue siendo a pesar de todo un pueblo, y los intereses políticos creados rozan a una gran cantidad de gente, no puedo menos que mostrar mi náusea ante el espectáculo que supone ver como quienes administran nuestros impuestos siguen demostrando el más absoluto desprecio por la dignidad de los ciudadanos, al menos de los que simplemente trabajan y no tienen ni empresa que explotar con fondos públicos ni primo o marido enchufado. Repugnancia por quienes cínicamente reclaman una mayor presencia de los jóvenes en la política mientras siguen convirtiéndola en un estercolero de difícil acceso para quien no acepta las normas establecidas. Asco por quienes siguen utilizando el poder como arma arrojadiza y empresa particular, por haberse llegado al punto de que no ser corrupto es un signo de imbecilidad. Risa al ver como encima, después de todo, no son capaces de aceptar las críticas con el talante que deberían. Y sobre todo y por encima de todo, por los niveles verdaderamente escandalosos de impunidad que estamos alcanzando. Porque de pequeño yo veía en la tele que cuando a algún político se le descubría un escándalo, por lo general dimitía, no sé si avergonzados o no, como correspondería a un político honesto y democrático. Pero ya no. Ahora si te descubren el pastel, basta un “Sí, pero tú más” (eso en el mejor de los casos, otros, más expertos en estas lides se atreven con eso de “estaba pasando una mala situación económica y tuve que enchufar a mis hijos”. Y se quedan tan panchos. Al final todo parece ser un juego en el que nuestros representantes se ponen de acuerdo y se descojonan de nosotros, en una lucha denodada por alcanzar el mango de la sartén, relegándonos a ser meros números que sumar el día de las elecciones. En los moscones que de vez en cuando les damos la lata con artículos como éste para que ellos lo utilicen a modo de papel higiénico. ¿Pero a dónde hemos llegado?. ¿A qué niveles de despotismo consentido?. ¿Quieren que confiemos en ustedes?. Pues actúen. Déjense de escupirse a la cara y miren por una vez en sus vidas a sus ciudadanos, si es que alguna vez nos han considerado como tales. Déjense de echarse excrementos mutuamente y muéstrennos, al menos, un poco de respeto. De una vez por todas, hagan limpieza, y podremos empezar a hablar de confianza en la política. Por el momento no dejan de verse como una máquina de hacer dinero para alcaldes, concejales, amigos y familiares. Y se han ganado a pulso esta imagen.

 

A.C. Achitacande


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