"Historia Utópica del Fin de Semana"


Parar Ya. Detener el crecimiento frenético y desmesurado de la construcción. Salvar nuestro entorno, nuestra isla, nuestro futuro. Muchas han sido las gargantas que han proclamado desde la soledad de los luchadores utópicos estas consignas que nadie puede dudar o rebatir. Estas líneas no quieren cumplir de nuevo con esa función básica de la proclamación de la denuncia y quiere ir un paso más allá. Quiere dirigirse exactamente hacia las personas físicas responsables de que la isla esté sufriendo un proceso de expolio digno de la conquista americana. Una gran sala con todos ellos, con sus nombres y apellidos, y delante, el pueblo. Intentando mantener en todo momento la cabeza fría, puesto que si tenemos en mente lo que está pasando, como ejemplo mas cercano e inmediato, en el sur de la isla, la sala se tornaría en juzgado, y el acto en ejecución. Sabemos las preguntas que les haríamos, y por desgracia sabemos también las respuestas. Pero imaginen la situación: sus caras repletas de millonaria ironía, con sus excusas por supuesto, también millonarias. De entre el pueblo, los más piadosos dirían: “¿que hubieses hecho tú en su lugar?”. Los más sensibles: “¿donde están mis playas?”. Los pensadores: “todo es fruto de la miseria de la condición humana”. Estas líneas van dirigidas a todos aquellos políticos y empresarios, mal-llamados conejeros si tenemos por tales a quienes muestran algún signo de respeto y amor por su tierra. A los de fuera no los condeno tanto. No se trata de hacer distinciones discriminatorias, pero es indudable que sólo quien has disfrutado siempre de la tranquilidad de las rocas de Pechiguera o del sosiego de las playas de Papagayo puede derramar una lágrima de amargura por el destrozo de los lugares en los que ha pasado momentos importantes de sus vidas. Para los demás sólo serán trozos de tierra desaprovechados. Para nosotros son pedazos de nosotros mismos los que se están sepultando bajo toneladas de cemento. Son nuestra infancia y nuestros recuerdos.

Y algunos en esta isla se han atrevido a ponerle precio y muerte a una parte de nuestras vidas a cambio de inmensas fortunas que no tendrán tiempo de gastar.

A todos ellos les sentaría delante y les informaría del precio a pagar por sus vidas resueltas a bases de millones: el último y más moderno centro turístico en Lanzarote, pionero en el mundo. Nuestro particular museo del Holocausto, en el que poder hacer un recorrido, con nombres y apellidos, de los culpables de la muerte de nuestras infancias y de la de nuestros hijos. Con grandes fotos ilustrativas del antes y el después de Lanzarote, y las suyas encima. Quizá este museo debiera ser muy grande, pero, al fin y al cabo, algún hueco aun encontraremos en Lanzarote para ubicarlo.

Solo me queda una pena con estas líneas, la de no poder decir los nombres y apellidos de esos políticos y empresarios, con sus cargos y  sentencias, y poder al fin saber que se ha hecho justicia. Mi isla ya estará muerta, solo pido que el crimen no quede impune.

A.C. Achitacande


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