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"El Ultimo Hoyo" |
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Quiso el destino que de la palabra golf a la de golfo sólo hubiese una letra de diferencia. Y no me malinterpreten, no tengo nada en contra de los amantes de ese bello deporte de puntería con zapatos de lujo. Únicamente me limitaré a expresar mi disconformidad con aquellos que los defienden a capa y espada como instrumento para alcanzar la nueva fábula del turismo de calidad. Y ni siquiera contra todos ellos. Acotaré un poco más y me referiré a aquellos que reivindican las alfombras verdes exclusivamente en Lanzarote. Porque lógicamente puede ser una alternativa en otros lugares del mundo, pero aquí no. Así lo refleja, además de otras voces populares, el reciente informe del Cabildo. El consumo de territorio que supone la creación de una de estas canchas para darle a las bolitas (algo así como un millón de metros cuadrados) en ningún caso compensa el incremento (mínimo) de ingresos que supone para la población. Aunque nos vengan con el cuento de que de ese millón de metros, “sólo” doscientos mil son de césped. Esta claro que a quien piensa que son “sólo” esos metros no le gusta demasiado Lanzarote. No le gusta y no lo respeta. Porque Lanzarote, entérense ya, no es verde, y si tiene alma, que la tiene, no se caracteriza por sus verdes oasis. Da vergüenza ajena ver como nuestros amigos los empresarios se escudan en argumentaciones defensoras del desarrollo (¡y del sostenible, oiga!) para seguir machacando la isla, y esto es lo peor, en beneficio de unos pocos. Y no ya de unos pocos de ciudadanos lanzaroteños, que al menos tendría un mínimo de justificación, sino de una minoría de visitantes que vendrían a jugar con sus palos en nuestros vergeles de Las Breñas. Por supuesto sin olvidar los novecientos chalets de lujo que traen aparejados los campitos. Resulta lamentable, en definitiva, y sin querer profundizar por temor a sufrir náuseas, que aquellos que coordinaron las primeras actuaciones de unión de la ciudadanía en torno a la fracasada Plataforma Ni una cama más sean los mismos que ahora defienden actuaciones que, además de suponer una transformación vital del frágil territorio de Lanzarote, añaden más camas a la isla. Porque chalets de lujo, digo yo, no sé que tiene que ver con camas “residenciales”. Señores empresarios, ¿cuándo van a empezar a dirigir sus esfuerzos definitiva y decisivamente hacia los ciudadanos lanzaroteños?. ¿Cuándo dejarán, al menos, de mostrarnos que lo único que les importa es seguir llenándose los bolsillos a costa de más y más cemento?. Seguimos viendo como el único hoyo que nos estamos jugando es el de la tumba de Lanzarote. Ése será el último hoyo.
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